La vigencia de la hechicería en la sociedad actual

Existen cosas que van mucho más allá del conocimiento y comprensión humana, y sin lugar a dudas, la hechicería es una de ellas. La ignorancia

Existen cosas que van mucho más allá del conocimiento y comprensión humana, y sin lugar a dudas, la hechicería es una de ellas. La ignorancia  y el miedo a lo desconocido y a lo que no se entiende, a lo que es distinto, han generado que las hechiceras convivan en las sombras, por miedo a ser señalizadas y estigmatizadas. Pero aún así, la hechicería, está más viva que nunca, encontrando la fortaleza en las antiguas creencias celtas y en el respeto por la naturaleza.

Los orígenes de la hechicería

Las hechiceras, también llamadas brujas han existido desde casi siempre, en las más antiguas civilizaciones, donde todos los elementos de la naturaleza eran venerados y se les atribuía, poderes sobrenaturales. La figura de la hechicera era venerada y respetada, porque en ella se concentraban los conocimientos para poder curar y resolver situaciones complicadas del devenir humano. eran consultadas en cuestiones del mal de amor, la desesperanza, las dificultades en el parto y cómo mejorar las cosechas.

La hechicería está muy lejos de vincularse con el diablo o las prácticas satánicas, ya que sus orígenes se encuentran en las creencias religiosas neopaganas o Wicca.

Las hechiceras de hoy en día caminan entre las personas, son mujeres de distintos estratos sociales y conocimientos académicos, que ponen al servicio de la comunidad diferentes hechizos, como el conocido hechizo del zapato, para solucionar distintos problemas, que pueden bloquear el fluir de la energía.

Porque después de todo, la hechicería es pura energía, no es buena ni mala, como tampoco lo es la energía, lo que determina si es destructiva o benéfica, es la intención con la que se realiza el hechizo.

El libro de las sombras que se escribe en la luz

Aunque lo que manda en nuestros tiempos son las comunicaciones digitales, los viajes espaciales y la fibra óptica, la hechicería mantiene ciertas tradiciones como la que dicta que cada hechicera debe escribir su propio “libro de las sombras”, algo así como un libro secreto donde están detallados los hechizos más importantes, frutos de su propia creación.

La hechicería sobrevive hoy en día como un nuevo despertar de la conciencia colectiva, porque de alguna manera todos llevamos escritos en el inconsciente, antiguas tradiciones y poderes, que aunque escondidos siempre estuvieron allí.

La práctica de la magia consiste en elevar y dirigir la energía para cumplir determinadas intenciones o propósitos. Una hechicera es consciente de su poder y pone ese poder en acción. Para realizar un hechizo no se requiere pertenecer a un aquelarre, ni una cabeza de cabra ni una cola de serpiente. Para la realización de un hechizo se debe establecer una intención, y luego realizar un ritual, que puede ser tan simple como encender una vela o sumergirse en una tina repleta de sales y aceites naturales.

Las hechiceras creen fervorosamente que el universo está repleto de energía y lanzar un hechizo es simplemente aprovechar esa energía.

Y algo que es importantes destacar es que las hechiceras creen en la sagrada ley “tres veces lo que das, vuelve a tí”, por eso trabajan con el universo y no contra él. Sus hechizos están pensados para iluminar la vida de las personas, ayudarlas a encontrar su esencia y su propia magia. En definitiva, la hechicería de todos los tiempos, incluidos los modernos, sólo busca equilibrar las energías de las personas.

Las prácticas esotéricas, como el lanzamiento de hechizos, se basan en la creencia de que el reino físico no es más que un subproducto de fuerzas energéticas invisibles, incluidas nuestras conciencias, pensamientos, voluntad y emociones.

La hechicería funciona primordialmente porque se cree en ella, las personas cambian el mundo con sus ideas permanentemente, porque los pensamientos son las formas de energía más poderosas que existe desde el principio de los tiempos.

En definitiva, la hechicería no es ni más ni menos que una referencia a las mujeres sabias que aprovecharon en otros tiempos los conocimientos en la botánica y los elementos de la naturaleza, esas que ofrecían sus hombros para llorar, elaborar una receta para los resfríos o traer el amor a la existencia de una persona.