Juana de Arco, una auténtica heroína

Juana de Arco fue una joven nacida en tiempos de la Edad Media, quizás adelantada para su época, que poseía una serie de características que le llevaron a la gloria y de allí a una muerte brutal, producto de las luchas políticas y conveniencias de la época.

Para muchos investigadores, Juana fue simplemente un personaje más de la edad media. Para otros fue una hechicera, lo que probablemente es consecuencia de la ausencia de información traducida a nuestra lengua de este emblemático personaje.

Juana fue todo un personaje

Sin lugar a dudas, se trató de una figura que pese a haber nacido en el seno de una familia de humildes campesinos, desde muy joven asumió una misión que sostuvo hasta la muerte. Esta misión le fue encomendada por una misteriosas voces que escuchaba de origen divino. En estas voces depositó su confianza, y fundamentó sus acciones, hasta que consiguió cumplir su objetivo.

Y así fue como Juana de Arco realizó todas sus hazañas. La primera de ellas  fue ganarse la confianza del rey Carlos VII a quien convenció de que el mismo Dios utilizaba las misteriosas voces para decirle que era la elegida para liberar de los ingleses a su Francia natal.

Desde muy joven, las voces dominaban la mente de la futura heroína, que nació en medio de la Guerra de los 100 años, cuando los ingleses ya dominaban gran parte del territorio francés. En el año 1429 amenazaban con tomar Orleans, que representaba la última plaza fuerte en dominio de Francia.

En este momento es cuando la joven de 18 años consigue llegar al rey, pero no fue tan sencillo y hubo de sortear numerosos obstáculos.  Debido a la insistencia de Juana en querer hablar con Carlos VII, aludiendo al hecho de que podía hablar con Dios, se despertó cierto interés o quizás fue curiosidad y la obligaron a que se sometiera a una evaluación previa que fue realizada por un grupo de teólogos.

Estos terminaron convencidos de que la joven no sólo escuchaba voces que le decían que era su misión ayudar al rey, sino que también recibía visitas de ángeles desde algunos años antes. Es así, como se le concede una entrevista con el monarca mediante la cual se ganó la confianza del rey. Comienza así, su breve historia cargada de batallas, triunfos e intrigas.

Hazañas de Juana de Arco

La primera gran hazaña de Juana fue liberar a Orleans del asedio inglés, lo cual en principio no fue fácil y de hecho muchos le restaban importancia, estando seguros de su locura debido a que no paraba de afirmar a viva voz que Dios la había enviado.

Sin embargo, la confianza que le había dado el rey, el hecho de que participara en los consejos de guerra y que con sus palabras transmitiera a las tropas confianza y tranquilidad, tuvo sus efectos positivos que llevaron a la liberación de Orleans, con lo cual los franceses se sintieron fortalecidos y repletos de optimismo.

Juana era llamada la doncella de Orleans y esta había conseguido su segundo triunfo, ganarse la confianza de las tropas francesas que le servirían de apoyo en adelante para sus siguientes empresas.

Ahora con la confianza renovada, los franceses sumaron triunfos en pequeñas batallas mientras los ingleses se iban replegando y Francia se preparaba para llevar a Carlos VII a su coronación definitiva como rey de Francia en Reims.

Este hecho consiguió reafirmar la confianza que el monarca había depositado en Juana de Arco, pero también significó el final de la misión de ésta, puesto que se había conseguido que el rey fuera coronado.

Pero las batallas de Juana aún estaban lejos de terminar, decidió continuar peleando por su país y continuó conquistando pequeñas batallas, incluso condujo a las tropas hacia la entrada de París pero aquí no tuvo éxito y debió realizar una retirada forzosa tras ser herida.

 Este revés sufrido por Francia generó posiciones encontradas entre el rey y la heroína ya que por una parte el rey consideró más conveniente negociar la entrega de París a cambio de autorizaciones para los ingleses y por otra parte, la doncella de Orleans insistía en mantener una conducta hostil, sosteniendo luchas unilaterales pero siempre en nombre del rey.

Es así como se hizo evidente un distanciamiento entre ellos, puesto que para Carlos VII ya la heroína no era de utilidad y desde hacía tiempo ya daba por concluidos sus servicios.

El ocaso de quien antes fue vitoreada y apoyada estaba por comenzar, ya que desde entonces sus tropas sufrieron derrota tras derrota y en medio de una de estas capturaron a Juana.

Ya en manos de sus enemigos, Juana fue sometida a juicio por la Inquisición. Buscaban así, desmentir su vínculo con Dios y poner en entredicho los mensajes que recibía de las voces misteriosas. No queda claro para la historia si el rey puso todo su empeño en rescatarla de las manos del enemigo.

La muerte de Juana de Arco

La nobleza inglesa estaba decidida a sentar un precedente respecto a la posición que debía ocupar un campesino, como Juana, en el orden social y feudal de aquel entonces. Mucho menos podía permitir que una mujer vestida de hombre se colocara al mando de las tropas, ya que definitivamente para ellos era intolerable y buscaron la forma de acabar con el mito de la joven doncella.

A esto se sumaron cargos por herejía, ya que según las acusaciones, la heroína no solo ofendió a Dios, sino que llenó la cabeza de los franceses de puras supersticiones y consiguió hechizarlos de alguna manera, lo que también le valió la acusación por brujería.

No tuvo derecho a la defensa de un abogado por lo que ella misma supo defenderse de forma muy conveniente, aunque al final no le sirvió de mucho. Siempre insistió en que Dios le hablaba y que era una de sus enviadas.

En vista de que no conseguían una confesión de culpabilidad voluntaria, fue amenazada con llevarla a la hoguera, lo cual la hizo confesar para recibir cadena perpetua; no obstante y a los pocos días compareció de nuevo ante los jueces, vestida de hombre, afirmando que la confesión era falsa y que las voces le habían reprochado tal actitud.

Esto fue lo que le llevó a la muerte en la hoguera, donde fue quemada viva. Siglos más tarde, fue santificada por el papa y hoy en día Santa Juana de Arco es la patrona nacional de Francia.