Héctor Murillo Aguilar – “MEJOR, VETE LEJOS JACINTO, POR FAVOR VETE MUCHO A LA CHIN…”

Es muy tarde ya, de repente,  un trino de un  güeribo trasnochado  rompe la cálida estructura de la noche.

La boca reseca y jadeante balbucea palabras inaudibles que se pierden en el suave murmullo de los grillos y

  Héctor Murillo Aguilar 

  “MEJOR, VETE LEJOS JACINTO, POR FAVOR VETE MUCHO A LA CHIN…”

 

Es muy tarde ya, de repente,  un trino de un  güeribo trasnochado  rompe la cálida estructura de la noche.

La boca reseca y jadeante balbucea palabras inaudibles que se pierden en el suave murmullo de los grillos y ranas que de cerca y de lejos te acompañan y que al igual que el agua que corre por la acequia,  reviven esa vieja sensación de limbo materno en tu cerebro.

Antes  de introducirte en tu casa de campaña y meterte en tu bolsa de dormir, después de la tertulia de la carne asada con los amigos, ya cuando estabas solo, viste otra vez las luces que siempre veías en tu pueblo. Esas lejanas estrellas binarias jugueteando en la inmensidad del cosmos. No sabes si es parte del dolor o el placer del dolor en tu costado derecho, lo que genera esa percepción arcana en tu memoria, pero en cascada los recuerdos se agolpan y desfilan:

¿Pa´que regresaste Jacinto?, mejor te hubieras quedado por allá,  ¿Qué no fuiste a estudiar pa´licenciado al DF? …Regrésate amigo, esta tierra es para pescadores, prostitutas, mineros, profes,  narcos,  sicarios, malandros, comerciantes,  transportistas, prestanombres, testaferros y gobernantes, aquí no caben los que estudian y piensan como tú, mejor vete Jacinto , vete mucho rumbo a la chingada… las palabras del anciano retumbaban como lápida en tu cerebro, sin embargo, tu decidiste quedarte y aquí están las consecuencias.

Fue en 1987 y una a una,  las palabras del viejo Canacho cobran vida en tus recuerdos y hasta puedes describirlo con holográfica sintaxis en su contoneo, gesticulaciones y expresiones.

De repente, te has vuelto viejo y amargado, efectivamente todas las puertas una a una se cerraron,  muy pocos te dieron la mano, tu mujer es un mueble vetusto y solitario de tu casa, Te ha garantizado una soberbia soledad acompañada. No coge ni recoge la basura,  con habilidad  de estratega doméstica, hizo alianzas y te contrapunteó con tus hijos. Hizo lo imposible por aislarte y con base en la equidad de género, te exige que la trates con absoluta igualdad ni más ni menos  como vil manual de la ONU, Televisa o alguna dependencia burocrática.

Los gobiernos ahora privatizan hasta las ilusiones y esperanzas populares, los partidos se reparten y comparten los botines y los politiquillos despotrican a diestra y siniestra, sabedores  de una absoluta impunidad que campea su horizonte, los medios como siempre son remedios que se compran con dinero y la provincia sigue siendo provinciana…

La textura del tiempo te ha envuelto suave e imperceptible en su regazo….

            Tu sientes otra vez,  esa ligera punzada que recorre  tu costado derecho, una enfebrecida sensación de oquedad y levedad en tu pierna derecha, consultas el reloj, son las 4:45 a.m… abres la cremallera de tu casa de campaña y una luz tenue de luna en cuarto menguante te aconseja a seguir dormitando…lejanas  aún, intermitentes, premonitorias vuelven a  retumbar las palabras del viejo Canacho…

“Mejor, vete lejos Jacinto, por favor vete mucho a la chingada”…