Opiniones

Por qué concesionar es privatizar…

Por qué concesionar es privatizar…

En estos días ya casi nadie consulta el diccionario, mucho menos diputados y gobernadores. Si alguien tuviera la duda que motiva este artículo, le bastará, sin terminar de leerlo, buscar el significado de la acepción “privatizar” para entender que la concesión es una forma de privatización.

Privatizar es, en términos latos, la transferencia que hace el Estado o Municipio de una empresa u actividad pública al sector privado, ni más ni menos. Si la actividad estatal ahora la realiza un particular dicha actividad está privatizada.

Sin embargo si existen diferencias: el término privatizar es propio de la ciencia económica, la concesión es término propio del derecho. De tal suerte que no existe ley que use la palabra privatizar, pues no es un concepto jurídico, y cuando se dice que se privatizó tal o cual cosa se dice en términos económicos más no en lenguaje del derecho, y por causa de esto, en terrenos de la economía debe entenderse tal fenómeno.

A pesar de ello, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que la venta y la concesión de empresas y bienes de dominio del Estado constituyen por definición formas distintas de privatización.

En realidad nos encontramos ante una concesión que materialmente no lo es, pero tampoco es una compraventa. Si ha de nombrarse jurídicamente su entrega, es peor que esto, estamos ante una donación de usufructo, es decir un regalo a una sola empresa.

En otras concesiones el estado o municipio recibe una utilidad, un aprovechamiento del bien concesionado. Así con la concesión de las carreteras, minas, incluso del servicio de limpia o del transporte, se reciben grandes cantidades para el erario público, mismas que sirven a su vez para cubrir los gastos necesarios para el funcionamiento del aparato gubernamental y de las demás necesidades sociales .

Es como si alguien tuviese una propiedad y la rentase, pero la renta que percibiere por este acto tuviera forzosamente que reinvertirla en sanear y ampliar la propiedad rentada. En realidad el contrato de arrendamiento materialmente no es tal, sino un comodato, una donación del usufructo, pues el arrendador no recibe ganancia alguna.

 Ahora bien, si la ganancia que pudiera percibir el estado o municipio como contraprestación de la concesión se la apropiara o la invirtiera en un rubro diferente, estaríamos ante un incremento desproporcionado y de carácter mercantil de las tarifas, pues el usuario tendría finalmente que pagar una doble ganancia: la ganancia del concesionario y la del estado o municipio.

Abogado Gilberto Montalvo González.