Opiniones

El monstruo de Ecatepec

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Por: Alfredo Pérez

El Monstruo de Ecatepec es el reflejo claro del nivel de descomposición social que tiene nuestra sociedad frente a una serie de factores externos que se combinan entre el desequilibrio emocional y comportamiento humano.

Con la reserva del resultado de estudios psicológicos, clínicos y criminológicos el ahora mal etiquetado monstruo refleja un claro trastorno psicótico y de personalidad egocéntrica capaz de manipular a sus cercanos, parejas, victimas y ahora a la opinión pública.

De acuerdo a la serie de publicaciones en algunos medios de comunicación y las entrevistas realizadas a los familiares de víctimas, autoridades policiacas y declaración del propio imputado, el sujeto quien aparentemente tiene un coeficiente intelectual  por debajo del promedio fue identificado derivado del análisis de información que realizo la autoridad donde describe un modus operandi respecto a la zona de operación, cambios de domicilio y accesos a lotes baldíos o arroyos da una muestra de que el sujeto actúa de manera consciente para evadir la acción de la autoridad y que no pudiera ser identificado.

Aunque algunos análisis preliminares reflejan un comportamiento misógino de acuerdo a sus declaraciones y atribuibles a sus progenitores y entorno social, señala el sujeto que sufrió de abuso sexual y culpa a la mama por su misoginia. Lo cierto es que no puede darse por cierto tan solo con la declaración del individuo sino que debe ser diagnosticado clínicamente por especialistas en psiquiatría forense.

 Aparentemente el monstruo de Ecatepec cuya tendencia a la necrofilia al considerar que tenía relaciones sexuales con los cuerpos sin vida, no muestra sentimientos de culpa de acuerdo a la entrevista filtrada ante los medios de comunicación, situación que preocupa para el debido proceso.

Es de llamar la atención el acceso y facilidad para interactuar en redes sociales, su gusto por las llamadas paginas obscuras donde se abordan temas de culto, tráfico de drogas, pornografía infantil y tráfico de personas.

Preocupante resulta que exista imitación de patrones de conducta con respecto asesinos seriales, fenómenos sobrenaturales, y violencia de género que ahora son publicados en sitios y redes sociales de criminología que despiertan el morbo y hacen apología del delito lejos de un objetivo científico, ético y social.

Resulta irresponsable y prematuro establecer un diagnóstico por apreciación y no por análisis. La sociedad y autoridad deben estar preocupadas por la conducta reflejada de este individuo que presenta rasgos psicológicos recurrentes en personas que deciden quitarle la vida a otras, sin embargo, la autoridad debe acreditar técnica y jurídicamente el acto en sí, de haber privado de la vida a varias mujeres y demostrar que existio alevosía, ensañamiento o bien una compensación por la realización de este acto.

La necesidad de darse a conocer y saltar mediáticamente es una característica de un trastorno de personalidad, más cuando implica una motivación personal de ser reconocido por provocar la muerte de otros.

Se requiere de un trabajo metódico y cuidadoso para establecer el perfil psicológico del asesino e identificar sus características comunes, lo que es evidente por la información vertida en medios de comunicación, las entrevistas y declaraciones es que este individuo veía a sus víctimas como personas que le causaban un daño, se sentía amenazado en su estatus de género, asociándolas con alguien que le asemeja un perjuicio.

Sin embargo, no se ha logrado establecer si las víctimas guardan un vínculo entre sí o si estas lo tuvieron con el victimario que le permitiría distanciarse emocionalmente de ellas. Aparentemente la personalidad de este sujeto rompe con la característica de la discreción del psicópata y por el contrario hace público cualquier acto derivado de la investigación que la autoridad lleva a cabo, es decir, sus acciones no están delimitadas a una estructura psíquica.

Quizás la autoridad y sociedad se enfrenta a crímenes de odio o vinculados a situaciones económicas que generaron recursos para el imputado y no necesariamente que deriven de una psicopatía extrema, o trastornos que alteran la percepción de la realidad.

Por ello, el reto para la investigación es enorme. Deben acreditarse los hechos y establecer los perfiles psicológicos de los imputados para dar certeza a la investigación, los análisis científicos deben identificar con respecto al individuo la falta de empatía, estudio de comportamiento, vínculo con sus víctimas y grado de vulnerabilidad de las mismas, nivel de manipulación del sujeto, análisis de su pasado  o entorno desestructurado con alto nivel de violencia en caso de existir.    

Debe también acreditarse científicamente la mecánica de los hechos desde el punto de vista criminalístico, la crudeza en un enfoque médico legal y psicológico, así como el número de víctimas que por lo menos tres debieron ser privadas de la vida de manera intencional y premeditada en un periodo de tiempo concreto y estando separadas entre sí además de comprobar que el asesinato pudo haberse provocado para obtener un beneficio, ideológico o con intención de descargar una frustración o fantasía concreta.

Alfredo Pérez es fundador de la Sociedad de Ciencias Forenses de Baja California.

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